Tour cool por el nuevo Santiago

Por Pablo Márquez

Cuando la tarea es tratar de reflejar cómo ha cambiado la cultura urbana en los últimos años, más que tesis se vienen imágenes vivas a la cabeza. Postales urbanas de una ciudad en movimiento. Instantáneas de la calle. El Santiago que nos gusta.

Música en vivo

La capital es hoy una plaza apetecida, importante y jugosa: un punto donde los boletos se pueden vender caros y donde todo se agota. Por eso U2 ha venido dos veces y Madonna sumó una nueva fecha en la capital.

Hoy Santiago suena mucho mejor. Más afinado, profesional y, bueno, con todos los costos que eso implica. Porque seguimos estando lejos del centro del planeta, a veces nos duele mucho pagar tanto por un asiento.

Pero es lo que hay y, aunque falta mucho, nos gusta. Como el rock and roll.

Centro recuperado

En mis recuerdos adolescentes, mediados de los ’80, la calle Matucana era sinónimo de peligro por las noches. Pero si hace dos décadas la cultura se instaló de manera accidental en un galpón que alguna vez fue un garage verdadero, hoy se ha tomado un espacio formal y envidiable.

Matucana 100, con una oferta incomparable de obras de teatro, instalaciones y conciertos, debe ser uno de los espacios culturales que más nos debería tener orgullosos. Y al frente, en Matucana 151, la Biblioteca de Santiago se encarga de hacerle sentir a los visitantes que es muy entretenido sentarse en sus mullidos sillones a leer algo.

Más que wantán

Santiago aprendió a comer en los restaurantes chinos. Fueron ellos, con sus wantanes fritos y esos arrollados primavera bailando en aceite, los que invitaron a la gente a salir de la casa y sentarse por primera vez en un lugar para pedir a la carta.

Más tarde llegó la fiebre del sushi, luego la invasión peruana con su sabor y sazón incomparables y, por cierto, esa tan sana costumbre de diferenciar los vinos por cepas y no solamente por su color. La mesa capitalina, hace rato, está servida. Y con estilo internacional. ¿Comida colombiana, platos cubanos, algún trago irlandés? Es cosa de buscar.

Tiendas cada vez más especializadas en paladares exigentes y rincones gourmet han llenado las calles de la ciudad. Es el gusto culinario que crece y se contagia. Porque cocinar ya no es sinónimo de alimentarse, sino de estilo y de una forma particular de mirar el mundo.

Santiago a pedales

Los habitantes de Santiago estamos disfrutando lo que durante muchos años nosotros mismos nos dedicamos a aplastar: las bondades de nuestra ciudad. Los domingos por la mañana es un espectáculo ver cómo las abuelas juegan con sus nietos en los verdaderos gimnasios al aire libre que han instalado en las plazas. O a los que se atreven con una bicicleta por algunas de las ciclovías segregadas o de las ciclobandas que, aunque todavía escasas, han renovado la cara de las calles y de las plazas.

Quererse es una muestra de cultura y Santiago todos los días hace esfuerzos por ser más confortable.

Vida de café

Santiago tiene granos recién molidos, extra shot de caramelo y una repostería como para tentarse todos los días. La cultura del café, esa grata costumbre de cortar la mañana con leche descremada y una conversación como excusa, se está masificando en una ciudad que no solía reunirse en torno a una taza humeante salvo en los días de lluvia. Si es que.

Pero ahora, a mediodía, estos lugares se encargan de mantener la vida de barrio sin el apuro agobiante de la semana y hacen más agradable un encuentro de trabajo. O de lo que sea.

La casa es chica, pero linda

Si antes el sueño de todo chileno bien nacido era tener su casa propia, ahora el anhelo se puso algo más exigente: tener la casa linda, amable, acogedora, como una pequeña obra de arte habitable, con buen gusto y, mejor, por poca plata.

Gracias a conceptos como Casa&Ideas, ya no hay excusas, ni siquiera la plata, porque hasta los supermercados entendieron que en la lista del mes también era necesario incluir algo de Diseño y el concepto Home Center ha logrado convencer a algunos de mis amigos que es fascinante agarrar una brocha y pintar el living. Algunos ya están adictos.

Corre, Chago, corre

Santiago se ha puesto las zapatillas y da gusto. Porque salir a correr en patota por las calles de la ciudad es apropiarse un poco de ella y sentir que el asfalto no es una amenaza sino una oportunidad.

Nueva York y Río de Janeiro han hecho de sus maratones una identidad. Y aunque estemos lejos de ese fervor, creo que cada vez nos vamos a ir acercando un poquito más en la medida que cada trote deje de ser una guerra de marketing y se instaure, al fin, una gran corrida anual que aglutine a todas las marcas deportivas, las instituciones de caridad y las campañas puntuales.

Santiago, una gran feria

Abundan los escritores de moda, los científicos, los economistas que vienen a dar charlas y seminarios; gente con la que nunca soñamos poder intercambiar ideas de tú a tú sólo levantando el dedo para hacer la pregunta más inteligente de todos los asistentes al magno encuentro.

Santiago hoy es una gran feria. Y variada. Pasearse un domingo por los alrededores de Av. Italia es recuperar parte de nuestra historia en forma de roperos, somieres, paragüeros y un sin fin de elementos que alguna vez vimos en las casas de nuestros abuelos.

Santiago es una fiesta

Cómo olvidar la imagen. Más de tres mil personas corriendo desnudas por el Parque Forestal en una fría mañana de domingo, ese 30 de junio de 2002 en que Spencer Tunick se subió a una escalara para fotografiar a un nuevo Chile.

No vamos a decir que este verdadero gangband fotógrafico haya marcado los designios de una ciudad, pero sí es una de las postales más recordadas de un Santiago que disfruta su ciudad festejando en las calles. La muñeca gigante es otra. Uno de los espectáculos del Teatro a Mil más recordados de los últimos años y que convirtió a Santiago en un escenario en movimiento.

Bellavista pelolais

Si antes era un peligro, hoy es un agrado. Porque la realidad actual de uno de los barrios bohemios más antiguos de Santiago es el mejor ejemplo de cómo una ciudad puede cambiar de cara haciendo cirugía mayor en uno de sus rincones que alguna vez estuvo en coma. Como Bellavista, con sus vándalos y su fiebre violenta de sábado por la noche que hasta hace poco la tuvo en peligro de extinción.

Hoy es un paseo obligado de turistas y visitantes, con restaurantes de siete tenedores, bares de moda, teatros, atelier, boutiques y hasta pequeños hoteles chic. Revista número 10, Santiaguinos.

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