Lagos, Bachelet y Bicentenario
12.08.2009
Por Sergio Melnik
Con ocasión del bicentenario nacional, uno esperaría que al menos las cuatro categorías básicas de una ciudad -cuerpo, alma, pasado, y futuro-, fueran objeto de atención. Lagos fue el promotor de grandes y necesarios proyectos para el cuerpo de nuestra ciudad. Bachelet no ha mostrado pasión especial por el tema. Ninguno ha puesto la vista en el alma, y menos en el futuro.
Las ciudades son “entes” fascinantes y por cierto muy curiosos. Son públicas y privadas a la vez. Tienen cuerpo y alma, las que, a su vez, tienen historia y futuro. Siempre tienden a una complejidad creciente. Tienen caos, orden, y enormes inercias.
Cuando USA cumplió su bicentenario, en 1976, el presidente de la época (Carter) invitó al país a pensar los próximos 200 años para ese país. Nadie puede anticipar 200 años; es la actitud, es el alma. En Chile ni siquiera nos han invitado a pensar los próximos 10.
En primer lugar, llama mucho la atención lo secundario que ha sido en general el tema del bicentenario, a pesar de un muy buen impulso inicial del Presidente Lagos. El tema simplemente se fue diluyendo a “la chilena” y nos acordaremos cuando venza el plazo
El “cuerpo” de la ciudad por cierto requiere grandes obras de infraestructura cada vez más complejas y caras. Cuando la población de una ciudad crece de manera lineal, la complejidad lo hace de manera exponencial, como las redes. En esa visión Lagos estaba en lo correcto, más allá del problema de la gestión, al implementarlas. fue el promotor de grandes proyectos para el cuerpo de nuestra capital, incluyendo la nueva ciudad dentro de la ciudad; el Parque Bicentenario, en el área de Cerrillos, el metro y varias otras. Bachelet en cambio está preocupada siempre de cosas más pequeñas, con poco futuro, como por ejemplo de las ciclovías.
Las ciudades están cambiando aceleradamente en virtud de la tecnología. El teléfono, el automóvil, y ahora Internet, nos ponen en contacto con otro concepto de vecindario, ahora nacional y global, no acotado por la cercanía física. Todo esto es parte del concepto de los próximos 200 años de Santiago, tema que no ha sido considerado por nadie. Todo apunta a una nueva alma, a una nueva cultura. Un nuevo Santiago en gestación inevitable. La pregunta es si ayudamos en ese diseño, o lo dejamos evolucionar como pueda. Revista número 9, Bicentenario.
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