CUIDEMOS EL SANTIAGO QUE SE CONSTRUYE

Por Patricio Fernández

 

No deja de impresionarme la mucha pena que provoca en algunos una casa que cae, y la poca atención que se le presta al edificio que la reemplaza.

 No digo que Santiago sea una ilusión, pero tampoco es que sea muchísimo más. Es una ciudad nueva, con un núcleo colonial que no pasa de pueblo chico y que ya está prácticamente desaparecido. Crece y aparecen edificios memorables, pero poco que una ciudad verdaderamente memorable no pueda superar.

Y conste que no estoy diciendo que no me guste Santiago. A mí esta ciudad me encanta, pero como encantan siempre las cosas que son parte de uno, tiernamente, y a las que les debemos lo que somos. No es una ciudad demasiado ajetreada. El centro, últimamente, está incluso más luminoso. Pero entiendo que es una ciudad joven que se está pegando un estirón. Y claro que lamento la destrucción de los barrios. La he vivido en carne propia.

Pero me impresiona la mucha pena que provoca en algunos una casa que cae, y la poca atención que se le presta al edificio que la reemplaza. Es como si esos algunos se aferraran a una pretendida nobleza pasada, de vida dulce y amigable, y en vez de reconocerla como el invaluable tesoro de la memoria y la niñez, la ensalsaran a la categoría de causa justa.

Convengamos que la mayor parte de los paraísos barriales que defendemos, distan mucho de ser el Quartier Latin, el centro de Florencia, el Cusco, o las pirámides de Egipto. Hay pecados imperdonables: me dicen que en Parral botaron la casa de infancia de Neruda; Valparaíso está siendo presa de curiosos incendios; echaron abajo el cine Las Lilas, al que iba caminando con mis hijos y el de Pedro de Valdivia…, pero esto ya forma parte de mi anecdotario personal.

Una vez que botaron el cine de mi barrio, los artistas, los ecologistas, los vecinos conscientes, dieron la batalla por perdida y no se preocuparon por saber más del bunker que lo reemplazaría. O sea, se luchaba por conservar un pasado y, acto seguido, se menospreciaba el porvenir.

ESTAMOS CONSTRUYENDO PATRIMONIO

Es posible que la ciudad que se está construyendo ahora sea la que perdure por más tiempo, y sorprende los pocos requerimientos que le estamos poniendo. ¿Hay en la base de los edificios lugares de intercambio, centros comerciales, cafés en los que leer la prensa? ¿Se los construye pensando en el mundo que se funda, o se les levanta como maquetas pasajeras? ¿Consideran los cientos de departamentos que reemplazan a las pocas casas señoriales o de clase media ñuñoína, cómo será el entorno en que vivirán sus habitantes?

Seguimos sin prestarle mayor atención al inconmensurablemente más grande patrimonio que podría estar construyéndose en estos momentos. Hay lugares que proteger, quizás cuadras completas, pero esto no puede cubrir el hecho de que por estos días se está recién construyendo la ciudad.

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