¿DÓNDE ESTA EL MONSTRUO DE ELISA?

Por Francisco Ortega

El escritor sostiene que las ciudades no sólo se construyen, también se cuentan; que los personajes de ficción hablan mucho de cómo es la vida de una ciudad. Y los de Dónde está Elisa? tienen mucho que contarnos.

¿ES BRUNO EL MOSTRUO?  ¡CLARO QUE NO!

A  inicios de año los chilenos conocimos a Elisa, la teleserie de moda del 2009, una historia de traiciones, venganzas y también monstruos. ¿No es acaso monstruosa la pelirroja belleza de la adolescente protagonista que manipula a su tío, traiciona a sus padres y acaba conduciendo a la muerte a quien la rodea? ¿No es monstruoso el mundo donde habitan los personajes de Pablo Illanes?

Correcto, se trata de una telenovela, de una obra de ficción, pero ¿no es la ficción un reflejo narrado de nuestros sueños y pesadillas, no es la Caperucita Roja metáfora de la niña que se convierte en mujer al menstruar y con esta transformación corporal se transforma en la presa predilecta del violador (el lobo), porque… claro es joven, virgen y más apetitosa que las abuelas?

En esta melodía, el universo de ¿Dónde esta Elisa? ha subrayado de forma más que acertada la monstruosidad del Santiago de Chile del 2009, una ciudad despiadada, habitada por ojos vigilantes, donde los poderosos levantan torres tan altas como las que se erigieron en la Nueva York de los años 30. Es más, Bruno, el personaje de Francisco Reyes, soñaba con construir el edificio más elevado de Chile, un regalo para el verdadero gran monstruo de la historia, que no es ni la niña raptada, ni el tío plagiador o incluso los supuestos asesinos. El leviatán del mundo de Elisa es el padre, el todopoderoso Raimundo Domínguez, un ser que está por encima del bien y el mal al cual le destruyen el mundo y con ello lo transforman en una fuerza aún más devastadora de la que ya era. Domínguez es el gran villano de Elisa, un villano trágico, un villano que surge de una pérdida y que no guarda mucha diferencia con los seres sombríos que aparecieron entre las nieblas londinenses de fines del siglo XIX, hombres elefantes y asesinos de la revolución industrial antes, millonarios dañados aquí y ahora. El tiempo y el espacio puede cambiar, el leviatán es siempre el mismo.

¿Dónde está Elisa? no es la historia de un secuestro y un asesinato, tampoco la crónica del sufrimiento de una familia millonaria, sino el relato del nacimiento de una fuerza monstruosa. Domínguez jamás logrará exorcizar el fantasma de la niña que le arrebataron y desde esta lectura, más que el final de la teleserie de Pablo Illanes me interesa lo que va a pasar después. Lex Luthor se convierte en el villano supremo por la perdida de su hija, por eso decide acabar con Superman, porque este no evitó la muerte de su primogénita. No es tan complicado imaginar al personaje de Francisco Melo en una situación similar. Domínguez es una criatura con recursos, con influencia, con poder y así es fácil no sólo tomar la justicia por su propia mano, sino hacer lo que quiera. Y eso es más monstruoso que convertirse en lobo o chupar la sangre de los vivos.

LA FICCION CREA LOS MAYORES MONSTRUOS REALES

¿Quién es más monstruoso, John Merrick, el deforme hombre elefante o los médicos que lo rodean como si se tratara de un animal, reduciéndolo a la mínima expresión viviente?  Es curioso que Merrick haya habitado en la misma Londres decimonónica de Jack el Destripador, dos monstruos originados en la primera ciudad moderna, la cuna de la revolución industrial, la primera que sufrió de contaminación ambiental, que tuvo ferrocarril subterráneo y donde el vapor reemplazó la tracción de sangre, como se llamaban  los carruajes de la época. Merrick y Jack surgieron con la metrópolis contemporánea, tal vez a modo de espejo de sus calles cada vez más inhumanas. De su miseria escondida en puentes y su riqueza elevada en torres cada vez más altas. No deja de ser significativo que el primer asesinato de Jack el Destripador haya ocurrido la misma noche en que nacía en Austria un niño de nombre Adolf, a veces las casualidades sobrecogen. O tal vez ni si quiera existen.

LOS MONSTRUOS DE TERNO Y CORBATA

Aunque el monstruo es una figura mítica, que ha acompañado al hombre desde que los Neanderthal buscaron una caverna para refugiarse de la noche, vigilando desde la oscuridad de los bosques, habitando lagos y montañas olvidadas, es con la revolución industrial cuando toma forma realmente concreta. La ciudad, la urbe en expansión descontrolada no sólo se transformó en un leviatán absoluto, sino en el hogar para monstruos de terno y corbata, seres poderosos que manipulan al resto, pisoteándolos como hormigas, devorándolos con las mandíbulas del poder. A lo largo de cien años el monstruo urbano no ha tomado la forma de asesinos en serie o delincuentes sino de gente que en apariencia es normal pero que por debajo oculta el más perverso de los secretos. Ser hombre lobo no es convertirse en una bestia peluda y sedienta de sangre, sino guardar una personalidad oculta creada y diseñada para despedazar a quienes nos rodean.

No es casual que en la evolución de la monstruosidad urbana el gran representante haya terminado siendo el hombre de negocios. El leviatán que maneja al mayor de los leviatanes, el dinero y sobre todo el dinero con poder. Allí aparece el yuppie egocéntrico y despiadado, encarnado por Michael Douglas en Wall Street y caricaturizado hasta lo obsceno en American Psycho de Breat Easton Ellis;  o los políticos maquiavélicos de la serie 24. Puede parecer chiste, pero no es casual tampoco que en la reformulación de Superman,  realizada en 1987, Lex Luthor su archienemigo, el hombre más peligroso del mundo haya dejado de ser el científico loco inventado en los cómics de 1938 para convertirse en un millonario, industrial y político que llegó incluso (en las historietas) a ser Presidente de Estados Unidos.

A inicios del 2009 la película Watchmen volvió a poner el tema en la agenda. El gran villano de la historia no era ni el agente secreto, ni el asesino en serie, ni siquiera el gigante creado por un accidente nuclear, sino simplemente el hombre más rico de Nueva York, un millonario benefactor, querido por las masas, que acaba asesinado a 8 millones de personas con fines humanitarios.

El tema se repite ahora en Elisa.

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